/ miércoles 5 de julio de 2023

Situación de violencia en pareja, un problema de amor propio

Las situaciones de agresión no discriminan por sexo, edad, nacionalidad, género, orientación sexual, posición socioeconómica, creencias religiosas, preferencias políticas o nivel académico

La violencia en pareja, entendida como la presencia de actos iracundos, impulsivos y peligrosos, dentro de una relación romántica, tiene múltiples rostros, puede ser física, emocional, sexual, económica o patrimonial. Quienes participan en esta clase de dinámicas, a menudo enfrentan un severo problema de amor propio.

Las situaciones de agresión no discriminan por sexo, edad, nacionalidad, género, orientación sexual, posición socioeconómica, creencias religiosas, preferencias políticas o nivel académico.

No obstante, sí existen factores claves, que vuelven a cierto segmento de la población más vulnerable a ejecutar y padecer actos de crueldad. La violencia es considerada un fenómeno multidimensional e intergeneracional. Un componente clave para su aparición es la pérdida de confianza, respeto y dignidad hacia la vida.

El problema de la violencia

De acuerdo al autor Erich Fromm, en su libro “El arte de amar”, las relaciones donde predominan los malos tratos no se sustentan en el amor. Por el contrario, su base es la angustia existencial de dos seres que se sienten solos en el mundo.

Fomentar el amor propio es clave para disminuir el grado de violencia | Alejandro del Ángel

La violencia en pareja tiene múltiples consecuencias a corto y largo plazo. El Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente Muñíz menciona, entre los principales riesgos a la salud, la presencia de dolores crónicos, cuadros de ansiedad, depresión, abuso de sustancias, trastornos del sueño, pensamientos suicidas e ideas homicidas.

El Instituto Nacional de las Mujeres establece los distintos grados de violencia en una relación. Se empieza por bromas hirientes, por mentiras y chantajes, aparece la ley del hielo, se reparten culpas, se humilla en público, se ejerce control y se establecen reglas inquebrantables.

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Después, acorde a Inmujeres, es probable que comiencen las caricias agresivas, las cachetadas, prosigue el aislamiento, las amenazas, los actos de violación sexual y los asesinatos.

Cuando se pierde la identidad

En entrevista para EL SOL DE TAMPICO, Juan Rafael Hernández Palmer, psicólogo, nos explica los perfiles de las personas involucradas en una relación de violencia.

“Quienes actúan violentamente suelen ser personas con inseguridades y desconfianzas, quienes muestran actitudes controladoras e intrusivas. Suelen ser personas mentirosas, impulsivas, irritables, agresivas e irresponsables. No sienten remordimiento por sus acciones, ni empatía por sus víctimas”, indica Palmer.

“Pueden tener baja autoestima, prosigue el entrevistado, inseguridad y miedo al abandono. Busca controlar y dominar a su pareja utilizando la violencia para hacerla sentir inferior, dependiente y culpable. Pueden tener una visión distorsionada de la realidad y justificar sus actos con argumentos irracionales o falsos”.

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Por otro lado, apunta Palmer, “las personas que persisten en relaciones dañinas lo hacen por una serie de factores psicológicos, emocionales y sociales que les impiden salir de ese círculo vicioso”.

“El diálogo interno de quien persiste en esta situación se traduce en frases como: “Estoy sola/o” o “Es mi culpa”. “Tienes que aguantar”. Esta conducta se sostiene porque la persona ha debilitado la capacidad de afirmarse y afirmar: Yo quiero, yo puedo, yo tengo recursos”, nos explica el psicólogo.

“Las personas que se involucran en relaciones violentas suelen presentar baja autoestima, miedo al abandono y una necesidad de controlar o ser controladas por el otro. Muchas veces tienen dificultad para expresar sus emociones y vivir en forma sana sus sentimientos de culpa”, expresó Palmer.

“Las personas que viven en un ciclo de violencia pueden desarrollar un trastorno por dependencia como una forma de adaptarse a la situación, creyendo que no tienen otra opción o que merecen el maltrato”, advierte el entrevistado.

No te ama ni se ama: patrón cíclico

Ante la pregunta, ¿cómo es posible que existan esta clase de relaciones destructivas? Palmer contesta: “No hay una respuesta única ni sencilla a este cuestionamiento. A menudo, la violencia sigue un patrón cíclico que se compone de tres fases: acumulación de tensión, explosión y luna de miel”.

El entrevistado lo desglosa de la siguiente manera: “Durante la primera fase, el perpetrador puede mostrar signos de irritabilidad, agresividad verbal o amenazas. En la segunda fase, se produce un estallido de violencia física o psicológica. La intensidad de este estallido puede variar según el caso”.

“En la tercera fase, el perpetrador puede mostrarse arrepentido y cariñoso con su pareja. Puede pedir perdón y prometer cambiar. Esta fase puede generar confusión y esperanza en la persona que sufre. Incluso puede volverse la puerta que valide la repetición y reinicie el ciclo de violencia”, comenta Palmer.

Sin embargo, hay un matiz que es importante especificar. Sobre todo, durante la primera fase del ciclo, quien es maltratado tiene la oportunidad de confrontar asertivamente a quien le ha hecho daño. En todo momento existe la posibilidad de afirmar “Yo merezco amor y respeto”.

¿Cómo hacer frente a una situación de violencia?

Al respecto, nuestro entrevistado afirma: “Es necesario que quienes sufren de violencia tomen conciencia de su situación, busquen ayuda profesional y establezcan redes de apoyo que les brinden seguridad y confianza. Solo así podrán recuperar su autoestima, su dignidad y su libertad”.

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“Una vez que se escapa de estas relaciones, pueden surgir otros sentimientos e ideas como la ira, el rencor, el deseo de venganza, el alivio, la tristeza, el duelo, la liberación o la esperanza. Estos sentimientos e ideas son normales y comprensibles después de una experiencia traumática. Sin embargo, no hay que dejarse atrapar por ellos ni permitir que nos impidan avanzar hacia una vida mejor. Para ello, es conveniente expresarlos de forma sana y constructiva, por ejemplo, mediante la terapia psicológica, el arte o el deporte”, concluye

La situación de violencia en pareja es un problema complejo y de alto riesgo para la salud física y mental de quienes la padecen. Uno de los componentes claves para su aparición es la falta de amor propio. Nadie tiene la culpa de vivir en una relación de pareja destructiva, pero sí se tiene la responsabilidad de velar por el propio bienestar.

La violencia en pareja, entendida como la presencia de actos iracundos, impulsivos y peligrosos, dentro de una relación romántica, tiene múltiples rostros, puede ser física, emocional, sexual, económica o patrimonial. Quienes participan en esta clase de dinámicas, a menudo enfrentan un severo problema de amor propio.

Las situaciones de agresión no discriminan por sexo, edad, nacionalidad, género, orientación sexual, posición socioeconómica, creencias religiosas, preferencias políticas o nivel académico.

No obstante, sí existen factores claves, que vuelven a cierto segmento de la población más vulnerable a ejecutar y padecer actos de crueldad. La violencia es considerada un fenómeno multidimensional e intergeneracional. Un componente clave para su aparición es la pérdida de confianza, respeto y dignidad hacia la vida.

El problema de la violencia

De acuerdo al autor Erich Fromm, en su libro “El arte de amar”, las relaciones donde predominan los malos tratos no se sustentan en el amor. Por el contrario, su base es la angustia existencial de dos seres que se sienten solos en el mundo.

Fomentar el amor propio es clave para disminuir el grado de violencia | Alejandro del Ángel

La violencia en pareja tiene múltiples consecuencias a corto y largo plazo. El Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente Muñíz menciona, entre los principales riesgos a la salud, la presencia de dolores crónicos, cuadros de ansiedad, depresión, abuso de sustancias, trastornos del sueño, pensamientos suicidas e ideas homicidas.

El Instituto Nacional de las Mujeres establece los distintos grados de violencia en una relación. Se empieza por bromas hirientes, por mentiras y chantajes, aparece la ley del hielo, se reparten culpas, se humilla en público, se ejerce control y se establecen reglas inquebrantables.

➡️Te puede interesar: Concierto de Banda MS, desde una pedida de matrimonio hasta una pequeña fan en el escenario

Después, acorde a Inmujeres, es probable que comiencen las caricias agresivas, las cachetadas, prosigue el aislamiento, las amenazas, los actos de violación sexual y los asesinatos.

Cuando se pierde la identidad

En entrevista para EL SOL DE TAMPICO, Juan Rafael Hernández Palmer, psicólogo, nos explica los perfiles de las personas involucradas en una relación de violencia.

“Quienes actúan violentamente suelen ser personas con inseguridades y desconfianzas, quienes muestran actitudes controladoras e intrusivas. Suelen ser personas mentirosas, impulsivas, irritables, agresivas e irresponsables. No sienten remordimiento por sus acciones, ni empatía por sus víctimas”, indica Palmer.

“Pueden tener baja autoestima, prosigue el entrevistado, inseguridad y miedo al abandono. Busca controlar y dominar a su pareja utilizando la violencia para hacerla sentir inferior, dependiente y culpable. Pueden tener una visión distorsionada de la realidad y justificar sus actos con argumentos irracionales o falsos”.

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Por otro lado, apunta Palmer, “las personas que persisten en relaciones dañinas lo hacen por una serie de factores psicológicos, emocionales y sociales que les impiden salir de ese círculo vicioso”.

“El diálogo interno de quien persiste en esta situación se traduce en frases como: “Estoy sola/o” o “Es mi culpa”. “Tienes que aguantar”. Esta conducta se sostiene porque la persona ha debilitado la capacidad de afirmarse y afirmar: Yo quiero, yo puedo, yo tengo recursos”, nos explica el psicólogo.

“Las personas que se involucran en relaciones violentas suelen presentar baja autoestima, miedo al abandono y una necesidad de controlar o ser controladas por el otro. Muchas veces tienen dificultad para expresar sus emociones y vivir en forma sana sus sentimientos de culpa”, expresó Palmer.

“Las personas que viven en un ciclo de violencia pueden desarrollar un trastorno por dependencia como una forma de adaptarse a la situación, creyendo que no tienen otra opción o que merecen el maltrato”, advierte el entrevistado.

No te ama ni se ama: patrón cíclico

Ante la pregunta, ¿cómo es posible que existan esta clase de relaciones destructivas? Palmer contesta: “No hay una respuesta única ni sencilla a este cuestionamiento. A menudo, la violencia sigue un patrón cíclico que se compone de tres fases: acumulación de tensión, explosión y luna de miel”.

El entrevistado lo desglosa de la siguiente manera: “Durante la primera fase, el perpetrador puede mostrar signos de irritabilidad, agresividad verbal o amenazas. En la segunda fase, se produce un estallido de violencia física o psicológica. La intensidad de este estallido puede variar según el caso”.

“En la tercera fase, el perpetrador puede mostrarse arrepentido y cariñoso con su pareja. Puede pedir perdón y prometer cambiar. Esta fase puede generar confusión y esperanza en la persona que sufre. Incluso puede volverse la puerta que valide la repetición y reinicie el ciclo de violencia”, comenta Palmer.

Sin embargo, hay un matiz que es importante especificar. Sobre todo, durante la primera fase del ciclo, quien es maltratado tiene la oportunidad de confrontar asertivamente a quien le ha hecho daño. En todo momento existe la posibilidad de afirmar “Yo merezco amor y respeto”.

¿Cómo hacer frente a una situación de violencia?

Al respecto, nuestro entrevistado afirma: “Es necesario que quienes sufren de violencia tomen conciencia de su situación, busquen ayuda profesional y establezcan redes de apoyo que les brinden seguridad y confianza. Solo así podrán recuperar su autoestima, su dignidad y su libertad”.

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“Una vez que se escapa de estas relaciones, pueden surgir otros sentimientos e ideas como la ira, el rencor, el deseo de venganza, el alivio, la tristeza, el duelo, la liberación o la esperanza. Estos sentimientos e ideas son normales y comprensibles después de una experiencia traumática. Sin embargo, no hay que dejarse atrapar por ellos ni permitir que nos impidan avanzar hacia una vida mejor. Para ello, es conveniente expresarlos de forma sana y constructiva, por ejemplo, mediante la terapia psicológica, el arte o el deporte”, concluye

La situación de violencia en pareja es un problema complejo y de alto riesgo para la salud física y mental de quienes la padecen. Uno de los componentes claves para su aparición es la falta de amor propio. Nadie tiene la culpa de vivir en una relación de pareja destructiva, pero sí se tiene la responsabilidad de velar por el propio bienestar.

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