/ lunes 27 de agosto de 2018

Testimonio de vida "Fui madre a los 64 años"

La brasilera Norma María de Oliveira, abogada municipal en Minas Gerais, pasó la mayor parte de su vida tratando de ser madre, hasta que finalmente pudo cumplir su sueño a los 64 años. Éste es su testimonio.

Mi lucha para ser madre es muy antigua. Muchas veces intenté embarazarme y no lo conseguía. Poco después de los 30 años, fuimos con mi pareja a un hospital público, vinculado a una universidad, para intentar la inseminación artificial, con inyección de espermatozoides en el útero. Durante un año y medio asistí a consultas y me hice exámenes. Me diagnosticaron ovarios poliquísticos y obstrucción de trompa, además de otros factores que me impedían el embarazo en forma natural. Entretanto, mi pareja falleció.

A los 46 años tuve una nueva relación y mi deseo de ser madre aumentó. Quisimos probar con la fertilización in vitro, con óvulos fecundados en laboratorio. Nos exigían una comprobante de unión estable de pareja por un período superior a los cinco años. Pero tiempo después nos separamos y mi sueño quedó olvidado una vez más. Para peor, el Consejo Federal de Medicina emitió una resolución que prohibía a mujeres con más de 50 años someterse a reproducción asistida.


Como abogada, hice una solicitud en la que explicaba mi situación, anexando todos los exámenes para demostrar que mi cuerpo era saludable para la gestación. Sin embargo, mi pedido fue negado. El tiempo seguía pasando y mi sueño de ser madre iba quedado cada vez más lejano. Ya tenía 60 años cuando empecé a investigar alternativas por internet y descubrí que en la India es muy común que mujeres más viejas se hagan tratamientos de reproducción asistida con óvulos donados por jóvenes anónimas.

Con mi actual pareja no lo pensamos dos veces. Fuimos hasta la ciudad de Jabalpur a intentar el procedimiento. Atravesamos el mundo tras mi sueño de maternidad. Al llegar a Nueva Delhi, supimos que no había vuelos a Jabalpur, a causa de un terremoto. La alternativa era el bus o el tren, pero no conocíamos el país y nos dio temor. Volvimos frustrados. Estaba desanimada, pero recuperé la energía para intentarlo de nuevo. Una pareja nos comentó que ella había sido fertilizada en Belo Horizonte, a dos horas de donde vivíamos nosotros. Fuimos allá y los exámenes salieron perfectos.

Como estaba en la menopausia desde los 50 años, recurrí al método de ovodonación, con donación de óvulos de otra mujer para ser fertilizado por espermatozoides de mi pareja. Fertilizamos siete embriones, cuatro aptos para la implantación. Luego de implantar uno, quedé embarazada al primer intento.Siempre había querido tener una niña y lloré de alegría al saber que estaba esperando una hija. Cuando les conté a mis tres hermanos de la gestación y vieron mi vientre crecido, casi se desmayaron de la impresión.

En el cuarto mes de embarazo, mi presión arterial empezó a subir. A las 33 semanas, hubo pérdida de líquido amniótico y un examen mostró preeclampsia en el bebé, situación de extremo riesgo para cualquier gestante y más a mi edad. Entonces el médico decidió hacer césarea para evitar riesgos. El parto fue tranquilo y yo estaba calmada. Ana Leticia nació perfectamente saludable, con un peso de 1,71 kilogramos y 43 centímetros de largo. Sin embargo, por haber nacido prematura tuvieron que llevársela a la sala de cuidados intensivos. Sólo tres días después pude tenerla en mis brazos. No pude contenerme y lloré de tanta emoción.

Me pone triste el prejuicio de pensar que significa una pesada carga haber sido madre a los 64 años. El mayor prejuicio es de mujeres desconocidas que se me acercan para decirme que soy demasiado vieja. Hay muchas mujeres que quieren ser madres, a pesar de su edad, pero no encuentran el valor para hacer lo que yo hice.


Mi lucha para ser madre es muy antigua. Muchas veces intenté embarazarme y no lo conseguía. Poco después de los 30 años, fuimos con mi pareja a un hospital público, vinculado a una universidad, para intentar la inseminación artificial, con inyección de espermatozoides en el útero. Durante un año y medio asistí a consultas y me hice exámenes. Me diagnosticaron ovarios poliquísticos y obstrucción de trompa, además de otros factores que me impedían el embarazo en forma natural. Entretanto, mi pareja falleció.

A los 46 años tuve una nueva relación y mi deseo de ser madre aumentó. Quisimos probar con la fertilización in vitro, con óvulos fecundados en laboratorio. Nos exigían una comprobante de unión estable de pareja por un período superior a los cinco años. Pero tiempo después nos separamos y mi sueño quedó olvidado una vez más. Para peor, el Consejo Federal de Medicina emitió una resolución que prohibía a mujeres con más de 50 años someterse a reproducción asistida.


Como abogada, hice una solicitud en la que explicaba mi situación, anexando todos los exámenes para demostrar que mi cuerpo era saludable para la gestación. Sin embargo, mi pedido fue negado. El tiempo seguía pasando y mi sueño de ser madre iba quedado cada vez más lejano. Ya tenía 60 años cuando empecé a investigar alternativas por internet y descubrí que en la India es muy común que mujeres más viejas se hagan tratamientos de reproducción asistida con óvulos donados por jóvenes anónimas.

Con mi actual pareja no lo pensamos dos veces. Fuimos hasta la ciudad de Jabalpur a intentar el procedimiento. Atravesamos el mundo tras mi sueño de maternidad. Al llegar a Nueva Delhi, supimos que no había vuelos a Jabalpur, a causa de un terremoto. La alternativa era el bus o el tren, pero no conocíamos el país y nos dio temor. Volvimos frustrados. Estaba desanimada, pero recuperé la energía para intentarlo de nuevo. Una pareja nos comentó que ella había sido fertilizada en Belo Horizonte, a dos horas de donde vivíamos nosotros. Fuimos allá y los exámenes salieron perfectos.

Como estaba en la menopausia desde los 50 años, recurrí al método de ovodonación, con donación de óvulos de otra mujer para ser fertilizado por espermatozoides de mi pareja. Fertilizamos siete embriones, cuatro aptos para la implantación. Luego de implantar uno, quedé embarazada al primer intento.Siempre había querido tener una niña y lloré de alegría al saber que estaba esperando una hija. Cuando les conté a mis tres hermanos de la gestación y vieron mi vientre crecido, casi se desmayaron de la impresión.

En el cuarto mes de embarazo, mi presión arterial empezó a subir. A las 33 semanas, hubo pérdida de líquido amniótico y un examen mostró preeclampsia en el bebé, situación de extremo riesgo para cualquier gestante y más a mi edad. Entonces el médico decidió hacer césarea para evitar riesgos. El parto fue tranquilo y yo estaba calmada. Ana Leticia nació perfectamente saludable, con un peso de 1,71 kilogramos y 43 centímetros de largo. Sin embargo, por haber nacido prematura tuvieron que llevársela a la sala de cuidados intensivos. Sólo tres días después pude tenerla en mis brazos. No pude contenerme y lloré de tanta emoción.

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