/ miércoles 17 de noviembre de 2021

Urge atender la salud mental desde las escuelas: superviviente

Consideran que los anexos bien establecidos pueden ser una buena opción

No contar con un esquema de cuidado de la salud mental desde la infancia puede llevar a las personas a caer en el infierno de las drogas y el alcohol, por lo que personas que padecen de esta enfermedad reclaman que se dé atención desde las escuelas.

Carlos, quien estuvo seis meses internado en un anexo privado por tener serios problemas con el alcohol y las drogas, consideró que dentro de una familia se generan problemas que de no atender podrían orillar a que el niño recaiga en comportamientos que ponen en riesgo su vida.

“Necesitamos la prevención para que podamos enfrentar al problema mental”, precisó quien logró salir de este círculo destructivo de las adicciones.

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EL ANEXO Y LA CATARSIS FRENTE AL CONSUMO DE DROGAS

Con problemas de consumo de drogas duras y alcohol, Carlos ingresó a un anexo en Cuernavaca, Morelos, a los 25 años. Sin fe en la posibilidad de recuperarse, él solo trataba de mantener sus matrimonios y responder a las presiones de su familia.

“Llevaba unos 10 años consumiendo alcohol y drogas duras, me inyectaba en las venas y todas las demás drogas también las consumía; inhalantes, solventes todas las consumía”, apuntó.

“Estaba en un estado de drogadicción, llegué a estar en las vías del tren inyectándome”, lamentó el sobreviviente.

Apuntó Carlos que en el anexo permaneció medio año, lo que le permitió dejar de consumir un periodo de tiempo similar, “me ayudó mucho, tenía fuertes resentimientos con mi papá y por medio de unas actividades que se llaman mesas redondas empecé a tener una catarsis muy fuerte, lloré mucho”.

“Cuando dejé de llorar llegó la paz, me quedé así como cuando vas a la playa, te metes al mar y luego sales, llegas a tu casa, te das un baño y te sientes rolado, así me sentía”, relató Carlos.

Su padrino en el anexo le solicitó que antes de hablar con su padre, lo hiciera con su abuelo, lo que le ayudaría a entender muy bien la relación con su familia.

“Mi papá tuvo a su vez un papá que también fue dañado de niño y yo entendí que no era culpable de lo que a mí me pasaba”, puntualizó Carlos.

LA EMPATÍA Y EL PODER “CURATIVO” ANTE LOS PROBLEMAS MENTALES

Para poder atender un problema de salud mental, Carlos consideró como necesario que exista un puente de gran empatía.

Recordó que antes de acudir al anexo, buscó apoyo en el Centro de Integración Juvenil (CIJ) donde, asegura, no encontró la comprensión en los especialistas.

“Hablé con una psicóloga y sentí que no me entendía del todo y le pregunté si ella había consumido alguna droga y me dijo que no. En el anexo todos los que estaban ahí habían probado por lo menos alcohol o drogas, inmediatamente empiezas con ese puente de comprensión”, dio a conocer.

Puntualizó que las enfermedades mentales son complejas, puesto que es difícil identificarlas y reconocerlas, “no quería aceptar que yo soy un enfermo mental, el primer paso trata de aceptación y yo estaba en negación”.

EL RIESGO ACTUAL Y LA RELACIÓN ENTRE DROGAS Y TECNOLOGÍA

Ya con cinco años sin consumir alcohol y drogas, Carlos ahora con 47 años ve en la tecnología un arma que tiene doble filo ante el establecimiento de una buena salud mental.

“Por desgracia o por fortuna tenemos mucha tecnología y estamos en casa enfocados en un teléfono, hay que fomentar la orientación educativa en las escuelas”, dio a conocer Carlos.

Las drogas y el peligro siguen en la calle, por lo que consideró como necesario intensificar la orientación educativa en los planteles educativos, además de hablar con las familias sobre la existencia de las nuevas sustancias.

“Eso va a estar ahí -las drogas-, eso no se va a acabar. Se puede informar qué está pasando con las drogas, con el alcohol, hay nuevas drogas como el cristal. Es difícil detectarlo en la familia, ellos no lo saben”, destacó.

A más de dos décadas de haber abandonado el centro de atención, Carlos confía en estos lugares como una posibilidad de encontrar la luz de esperanza.

“Es una manera de detener por un momento la enfermedad, cuando ya no hay otras formas de hacerlo y en este tiempo quizá llegue un pequeño despertar, aunque sea un poco de luz donde todo parece ser oscuridad”, dijo por último.

No contar con un esquema de cuidado de la salud mental desde la infancia puede llevar a las personas a caer en el infierno de las drogas y el alcohol, por lo que personas que padecen de esta enfermedad reclaman que se dé atención desde las escuelas.

Carlos, quien estuvo seis meses internado en un anexo privado por tener serios problemas con el alcohol y las drogas, consideró que dentro de una familia se generan problemas que de no atender podrían orillar a que el niño recaiga en comportamientos que ponen en riesgo su vida.

“Necesitamos la prevención para que podamos enfrentar al problema mental”, precisó quien logró salir de este círculo destructivo de las adicciones.

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EL ANEXO Y LA CATARSIS FRENTE AL CONSUMO DE DROGAS

Con problemas de consumo de drogas duras y alcohol, Carlos ingresó a un anexo en Cuernavaca, Morelos, a los 25 años. Sin fe en la posibilidad de recuperarse, él solo trataba de mantener sus matrimonios y responder a las presiones de su familia.

“Llevaba unos 10 años consumiendo alcohol y drogas duras, me inyectaba en las venas y todas las demás drogas también las consumía; inhalantes, solventes todas las consumía”, apuntó.

“Estaba en un estado de drogadicción, llegué a estar en las vías del tren inyectándome”, lamentó el sobreviviente.

Apuntó Carlos que en el anexo permaneció medio año, lo que le permitió dejar de consumir un periodo de tiempo similar, “me ayudó mucho, tenía fuertes resentimientos con mi papá y por medio de unas actividades que se llaman mesas redondas empecé a tener una catarsis muy fuerte, lloré mucho”.

“Cuando dejé de llorar llegó la paz, me quedé así como cuando vas a la playa, te metes al mar y luego sales, llegas a tu casa, te das un baño y te sientes rolado, así me sentía”, relató Carlos.

Su padrino en el anexo le solicitó que antes de hablar con su padre, lo hiciera con su abuelo, lo que le ayudaría a entender muy bien la relación con su familia.

“Mi papá tuvo a su vez un papá que también fue dañado de niño y yo entendí que no era culpable de lo que a mí me pasaba”, puntualizó Carlos.

LA EMPATÍA Y EL PODER “CURATIVO” ANTE LOS PROBLEMAS MENTALES

Para poder atender un problema de salud mental, Carlos consideró como necesario que exista un puente de gran empatía.

Recordó que antes de acudir al anexo, buscó apoyo en el Centro de Integración Juvenil (CIJ) donde, asegura, no encontró la comprensión en los especialistas.

“Hablé con una psicóloga y sentí que no me entendía del todo y le pregunté si ella había consumido alguna droga y me dijo que no. En el anexo todos los que estaban ahí habían probado por lo menos alcohol o drogas, inmediatamente empiezas con ese puente de comprensión”, dio a conocer.

Puntualizó que las enfermedades mentales son complejas, puesto que es difícil identificarlas y reconocerlas, “no quería aceptar que yo soy un enfermo mental, el primer paso trata de aceptación y yo estaba en negación”.

EL RIESGO ACTUAL Y LA RELACIÓN ENTRE DROGAS Y TECNOLOGÍA

Ya con cinco años sin consumir alcohol y drogas, Carlos ahora con 47 años ve en la tecnología un arma que tiene doble filo ante el establecimiento de una buena salud mental.

“Por desgracia o por fortuna tenemos mucha tecnología y estamos en casa enfocados en un teléfono, hay que fomentar la orientación educativa en las escuelas”, dio a conocer Carlos.

Las drogas y el peligro siguen en la calle, por lo que consideró como necesario intensificar la orientación educativa en los planteles educativos, además de hablar con las familias sobre la existencia de las nuevas sustancias.

“Eso va a estar ahí -las drogas-, eso no se va a acabar. Se puede informar qué está pasando con las drogas, con el alcohol, hay nuevas drogas como el cristal. Es difícil detectarlo en la familia, ellos no lo saben”, destacó.

A más de dos décadas de haber abandonado el centro de atención, Carlos confía en estos lugares como una posibilidad de encontrar la luz de esperanza.

“Es una manera de detener por un momento la enfermedad, cuando ya no hay otras formas de hacerlo y en este tiempo quizá llegue un pequeño despertar, aunque sea un poco de luz donde todo parece ser oscuridad”, dijo por último.

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