/ viernes 7 de febrero de 2020

Café y a Media Luz | Fortalecer la memoria histórica

Ese fue el argumento planteado por el Presidente de los Estados Unidos Mexicanos, Andrés Manuel López Obrador, al señalar la posibilidad de suprimir los “fines de semana largos”, los comúnmente llamados “puentes” que se gestionaron desde la administración de Ernesto Zedillo Ponce de León, hace más o menos un cuarto de siglo.

Con dicha iniciativa se pretendía impulsar la actividad económica del turismo regional de temporada de algunas partes de nuestro país. Para citar un ejemplo, me permito mencionar a la zona sur de Tamaulipas, cuyas temporadas altas son en los periodos de asueto de primavera y semana mayor, así como las cuatro semanas de las vacaciones de verano.

Un paliativo económico fue esta estrategia, si usted gusta llamarla “priista”, que consistió en correr los días considerados festivos al lunes inmediato anterior, no solo por la premisa detonante del circulante local, además se amparó en las bondades de la medida en el fortalecimiento de la estructura familiar y la no interrupción de la jornada continua del quehacer docente en el interior de las aulas en las diferentes escuelas del país.

Ese último sustento debemos ampliarlo un poco más. Pues si hacemos un poco de memoria, recordaremos que en los años ochenta, si el día festivo caía en jueves, los profesores y sus respectivas delegaciones sindicales hacían la gestoría correspondiente para tomarse también el viernes. ¿Por qué no habremos de suponer que la CNTE hará lo mismo si en los últimos sexenios ha invertido más del cincuenta por ciento del tiempo de trabajo a marchas y plantones? ¿Y los niños? ¡Bien, gracias!

No obstante, mi querido amigo y de antemano le ofrezco una disculpa anticipada pues he tratado de no imponer una postura propia ante las decisiones que toman los personajes que se encuentran en “el ojo del huracán” del poder público, sino que he buscado hacer un llamado a la reflexión, pero en esta ocasión sí manifestaré un cierto desagrado por la lectura que – quizá torpemente – este servidor ha percibido por la determinación que hoy nos permite compartir una taza de café.

El presidente de los Estados Unidos Mexicanos, Andrés Manuel López Obrador, sostuvo que la medida que estaba “cocinándose” era producto de un detrimento en el desarrollo de la memoria histórica de los menores, la cual debía fortalecerse para que no olvidaran las fechas importantes de la vida de nuestra nación.

Sin embargo, no tocó – ni creo que lo haga - temas que también inciden en el proceso de enseñanza – aprendizaje de los menores y que afectan más que el asueto en lunes a los niños mexicanos. Por ejemplo, no se cuestionó la capacitación permanente a los docentes frente a grupo, las técnicas y estrategias aplicadas en clase, el sistema educativo en general, la participación de los padres en la formación del estudiante y más.

Y no quiero decir que todo lo anterior no ocurra, por el contrario, los maestros aprovechaban esos días “festivos” que sí se trabajaba para generar un conocimiento significativo en el niño, pues preparaban clases alusivas a ese día, desarrollaban trabajos, hacían lecturas de comprensión iniciando con la pregunta “¿Saben qué pasó un día como hoy?”

De igual manera, los niños reflexionaban estando dentro del salón sobre los hechos que formaron a nuestra patria.

Honestamente, ¿Usted cree que en el día de descanso el pequeño se acuerda más del acto significativo en la fecha que le corresponde o en lunes? Para el pequeñín sigue siendo un “día de no asistir a la escuela”.

Me llamó también la atención que, a pregunta expresa hecha por una reportera, en torno a la posible afectación de la actividad turística a nivel nacional, el mandatario desestimó la merma señalando “No creo que ocurra” y remató su argumento indicando que para eso estará el tren maya, además de que se ha limpiado el sargazo y se ha incrementado la seguridad en carreteras.

Puede ser que el último elemento impacte en todas las actividades de nuestra entidad federativa, empero ¿Cómo nos beneficia de manera inmediata la limpieza de las playas en sur mexicano? Y la segunda pregunta va en el mismo tenor ¿Cómo nos beneficia en materia de turismo a la zona sur de Tamaulipas la construcción del tren maya?

Los hoteleros de la zona veían en los “fines de semana largos” la oportunidad de recibir a los visitantes de la región huasteca que aprovechaban esos días para venir a playa de Miramar o al centro comercial de Ejército Mexicano.

Mas no es eso lo que me obliga a escribir la columna de hoy. Creo que en el momento histórico que vive nuestro México hay agendas más importantes qué atender y generar resultados al respecto como seguridad, salud y economía. La supresión de “los puentes” era algo que definitivamente podía esperar.

Si trae problemas económicos o no a las actividades turísticas solo el tiempo lo dirá. Y hasta aquí, mi querido amigo lector, pues como decía cierto periodista: “El tiempo apremia y el espacio se agota”.

Ese fue el argumento planteado por el Presidente de los Estados Unidos Mexicanos, Andrés Manuel López Obrador, al señalar la posibilidad de suprimir los “fines de semana largos”, los comúnmente llamados “puentes” que se gestionaron desde la administración de Ernesto Zedillo Ponce de León, hace más o menos un cuarto de siglo.

Con dicha iniciativa se pretendía impulsar la actividad económica del turismo regional de temporada de algunas partes de nuestro país. Para citar un ejemplo, me permito mencionar a la zona sur de Tamaulipas, cuyas temporadas altas son en los periodos de asueto de primavera y semana mayor, así como las cuatro semanas de las vacaciones de verano.

Un paliativo económico fue esta estrategia, si usted gusta llamarla “priista”, que consistió en correr los días considerados festivos al lunes inmediato anterior, no solo por la premisa detonante del circulante local, además se amparó en las bondades de la medida en el fortalecimiento de la estructura familiar y la no interrupción de la jornada continua del quehacer docente en el interior de las aulas en las diferentes escuelas del país.

Ese último sustento debemos ampliarlo un poco más. Pues si hacemos un poco de memoria, recordaremos que en los años ochenta, si el día festivo caía en jueves, los profesores y sus respectivas delegaciones sindicales hacían la gestoría correspondiente para tomarse también el viernes. ¿Por qué no habremos de suponer que la CNTE hará lo mismo si en los últimos sexenios ha invertido más del cincuenta por ciento del tiempo de trabajo a marchas y plantones? ¿Y los niños? ¡Bien, gracias!

No obstante, mi querido amigo y de antemano le ofrezco una disculpa anticipada pues he tratado de no imponer una postura propia ante las decisiones que toman los personajes que se encuentran en “el ojo del huracán” del poder público, sino que he buscado hacer un llamado a la reflexión, pero en esta ocasión sí manifestaré un cierto desagrado por la lectura que – quizá torpemente – este servidor ha percibido por la determinación que hoy nos permite compartir una taza de café.

El presidente de los Estados Unidos Mexicanos, Andrés Manuel López Obrador, sostuvo que la medida que estaba “cocinándose” era producto de un detrimento en el desarrollo de la memoria histórica de los menores, la cual debía fortalecerse para que no olvidaran las fechas importantes de la vida de nuestra nación.

Sin embargo, no tocó – ni creo que lo haga - temas que también inciden en el proceso de enseñanza – aprendizaje de los menores y que afectan más que el asueto en lunes a los niños mexicanos. Por ejemplo, no se cuestionó la capacitación permanente a los docentes frente a grupo, las técnicas y estrategias aplicadas en clase, el sistema educativo en general, la participación de los padres en la formación del estudiante y más.

Y no quiero decir que todo lo anterior no ocurra, por el contrario, los maestros aprovechaban esos días “festivos” que sí se trabajaba para generar un conocimiento significativo en el niño, pues preparaban clases alusivas a ese día, desarrollaban trabajos, hacían lecturas de comprensión iniciando con la pregunta “¿Saben qué pasó un día como hoy?”

De igual manera, los niños reflexionaban estando dentro del salón sobre los hechos que formaron a nuestra patria.

Honestamente, ¿Usted cree que en el día de descanso el pequeño se acuerda más del acto significativo en la fecha que le corresponde o en lunes? Para el pequeñín sigue siendo un “día de no asistir a la escuela”.

Me llamó también la atención que, a pregunta expresa hecha por una reportera, en torno a la posible afectación de la actividad turística a nivel nacional, el mandatario desestimó la merma señalando “No creo que ocurra” y remató su argumento indicando que para eso estará el tren maya, además de que se ha limpiado el sargazo y se ha incrementado la seguridad en carreteras.

Puede ser que el último elemento impacte en todas las actividades de nuestra entidad federativa, empero ¿Cómo nos beneficia de manera inmediata la limpieza de las playas en sur mexicano? Y la segunda pregunta va en el mismo tenor ¿Cómo nos beneficia en materia de turismo a la zona sur de Tamaulipas la construcción del tren maya?

Los hoteleros de la zona veían en los “fines de semana largos” la oportunidad de recibir a los visitantes de la región huasteca que aprovechaban esos días para venir a playa de Miramar o al centro comercial de Ejército Mexicano.

Mas no es eso lo que me obliga a escribir la columna de hoy. Creo que en el momento histórico que vive nuestro México hay agendas más importantes qué atender y generar resultados al respecto como seguridad, salud y economía. La supresión de “los puentes” era algo que definitivamente podía esperar.

Si trae problemas económicos o no a las actividades turísticas solo el tiempo lo dirá. Y hasta aquí, mi querido amigo lector, pues como decía cierto periodista: “El tiempo apremia y el espacio se agota”.