/ lunes 11 de marzo de 2019

Carlos Fuentes en el cine

Carlos Fuentes en su momento celebró a Babel, de Alejandro González Iñárritu...

Como “el primer filme de la globalización” debido a lo expansivo de sus alcances como lenguaje y significado no solamente estéticos sino culturales. Verdad buena del autor de Aura.

La mejor incursión de Carlos Fuentes (1928- 2012) en el cine fue, sin duda, en la película Los Caifanes/ 1966, dirigida por Juan Ibáñez.

Carlos Fuentes escribió 22 guiones, la gran mayoría adaptaciones de sendas obras literarias, y no salió bien librado del todo, a excepción de la anteriormente citada Los Caifanes.

Fuentes entendió que el lenguaje del cine debería ser un brazo paralelo de la literatura y creo que ese fue su error. El cine tiene otro lenguaje (más visual y de orquestación de otras artes), otra pulsación narrativa donde no sólo es indispensable la mirada del escritor sino la del director, de los actores y del cinefotógrafo.

Ciertamente que el estilo y la preocupación de temas de Fuentes jalaron hacia el concierto de la modernidad de las vanguardias, pero fue su anclaje en las raigambres mexicanas (mitos, costumbres, manías) que lo orillaron a permanecer en el tono digamos de la “literatura mexicana”.

En la adaptación que hizo al cuento de Rulfo, No oyes ladrar los perros, Fuentes apenas toma la línea visible de la trama – un hombre que lleva en hombros a su hijo herido en busca de un doctor- para armar un andamiaje de prebendas antropológicas y sociales que hurguen en el subconsciente de lo mexicano, poniendo para ello a sus personajes cinematográficos como tzotziles que cumplimentan un destino desarticulado del progreso y las oportunidades laborales.

Aunque su labor en Los Caifanes es bastante afortunada, no deja de ser atendible el buen oficio plasmado por el director teatral Juan Ibáñez en el desarrollo del filme. Ambos, a mi parecer, realizaron un estupendo entendimiento para ejecutar la mirada de confrontación clases que destila el guión de Fuentes a través del Azteca/ Ernesto Gómez Cruz, el Capítán Gato/ Sergio Jiménez, el Mazacote/ Eduardo López Rojas, el Estilos/ Óscar Chávez, Paloma/ Julissa y Jaime/ Enrique Álvarez Félix.

La ciudad de México, como personaje post melodrama de un cine mexicano anquilosado, es retomada por Fuentes/ Ibáñez como un microcosmos donde la noche, la juventud ávida y los rencores ancestrales de las clases sociales ejecutan su festín de bataholas y silencios de un cine que buscaba insertarse, alfonsinamente, en el cine contemporáneo…

Carlos Fuentes en su momento celebró a Babel, de Alejandro González Iñárritu...

Como “el primer filme de la globalización” debido a lo expansivo de sus alcances como lenguaje y significado no solamente estéticos sino culturales. Verdad buena del autor de Aura.

La mejor incursión de Carlos Fuentes (1928- 2012) en el cine fue, sin duda, en la película Los Caifanes/ 1966, dirigida por Juan Ibáñez.

Carlos Fuentes escribió 22 guiones, la gran mayoría adaptaciones de sendas obras literarias, y no salió bien librado del todo, a excepción de la anteriormente citada Los Caifanes.

Fuentes entendió que el lenguaje del cine debería ser un brazo paralelo de la literatura y creo que ese fue su error. El cine tiene otro lenguaje (más visual y de orquestación de otras artes), otra pulsación narrativa donde no sólo es indispensable la mirada del escritor sino la del director, de los actores y del cinefotógrafo.

Ciertamente que el estilo y la preocupación de temas de Fuentes jalaron hacia el concierto de la modernidad de las vanguardias, pero fue su anclaje en las raigambres mexicanas (mitos, costumbres, manías) que lo orillaron a permanecer en el tono digamos de la “literatura mexicana”.

En la adaptación que hizo al cuento de Rulfo, No oyes ladrar los perros, Fuentes apenas toma la línea visible de la trama – un hombre que lleva en hombros a su hijo herido en busca de un doctor- para armar un andamiaje de prebendas antropológicas y sociales que hurguen en el subconsciente de lo mexicano, poniendo para ello a sus personajes cinematográficos como tzotziles que cumplimentan un destino desarticulado del progreso y las oportunidades laborales.

Aunque su labor en Los Caifanes es bastante afortunada, no deja de ser atendible el buen oficio plasmado por el director teatral Juan Ibáñez en el desarrollo del filme. Ambos, a mi parecer, realizaron un estupendo entendimiento para ejecutar la mirada de confrontación clases que destila el guión de Fuentes a través del Azteca/ Ernesto Gómez Cruz, el Capítán Gato/ Sergio Jiménez, el Mazacote/ Eduardo López Rojas, el Estilos/ Óscar Chávez, Paloma/ Julissa y Jaime/ Enrique Álvarez Félix.

La ciudad de México, como personaje post melodrama de un cine mexicano anquilosado, es retomada por Fuentes/ Ibáñez como un microcosmos donde la noche, la juventud ávida y los rencores ancestrales de las clases sociales ejecutan su festín de bataholas y silencios de un cine que buscaba insertarse, alfonsinamente, en el cine contemporáneo…

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