/ sábado 21 de noviembre de 2020

Hablemos de Tecnología | Irreparable

Imagine que viaja por carretera, de pronto nota que uno de los neumáticos se ha pinchado, se orilla y lo cambia tranquilamente, todos están felices, a los pocos metros un audio en el auto le indica que ha violado el contrato de reparación del vehículo, todo se bloquea y ahora deberá de esperar servicio de la empresa y pagar una multa, ¿ridículo? Pues pronto podría ser ley en muchos lugares y no con los autos sino con todo.

Hace algunas décadas era impensable que algún aparato electrónico se vendiera sin su manual de uso y reparación, en algunos países incluso, temas como la garantía y la calidad de los materiales estaban estipulados en su legislación, hoy, en cambio, en un mundo donde todo es desechable y todo viene con su obsolescencia programada, estamos paradójicamente en el umbral en donde nuevas leyes podrían proteger a las empresas en contra del “gravísimo delito” de intentar reparar lo que está roto.

Recuerdo en mis años mozos, cuando mi maestro de taller de electrónica en la secundaria “Melchor Ocampo” de Madero me explicó que algunas empresas “encapsulaban” sus circuitos electrónicos en resina oscura o creaban sus propios tipos de tornillos, para evitar que fueran clonados, “esos chinos son canijos” -nos decía con lenguaje florido no propio de este matutino y nos enseñaba mucho, mientras nos hacía también reír- grandes recuerdos.

Existe amigo lector, una línea delgada entre el derecho de autor, y el derecho a reparar lo que es suyo, aquello por lo que pagó puntualmente como intercambio comercial y no como arrendamiento. Aunque esto algunas grandes empresas no lo entienden, o sencillamente no lo quieren entender.

En internet, hace tiempo se hizo viral la historia de Kyle Schwarting, granjero de Nebraska, el cual compró a crédito por muchos miles de dólares un tractor de la marca del venado, que contaba con un software de control protegido por contraseña y al cual, un mal día, un animal le mordió un sensor cuyo costo era de alrededor de 2 dólares, el tractor dejó de funcionar, estaba bloqueado, al llamar a la empresa le dieron dos opciones, remolcarlo hasta un centro de reparación o solicitar una visita de un técnico hasta su granja, ambas le costaban decenas de miles de dólares, así que desesperado y sin más, aquel granjero se puso a investigar en internet cómo poder desbloquear el aparato que era su fuerza de trabajo y su medio de vida; lo logró, aquel agricultor se había convertido en hacker, su caso se hizo muy conocido pues comenzó a ayudar a personas en similares situaciones, pero ahora podría enfrentar problemas legales con la empresa por violar patentes, derechos de autor y propiedad intelectual.

Tenemos también el conocido caso de varias empresas tecnológicas que han comenzado a vender sus teléfonos inteligentes sin incluir auriculares ni cargador, pero peor aún, que desde hace varios años diseñan sus dispositivos de tal manera que no solo sean muy complicados de reparar, sino que incluso sean “irreparables” y no me refiero a la incapacidad técnica del reparador -que de eso los mexicanos nos pintamos solos- sino a que han sido ensamblados de tal forma que al abrirlos se rompen de manera forzosa.

Por citar un ejemplo, el más reciente modelo de teléfono de la compañía de la manzana tiene un valor que ronda los 31 mil pesos, hay quien puede, quiere y le gusta pagar estas cantidades por un teléfono que no supera en formato técnico que le ofrece un Xiaomi de alrededor de la mitad de precio, pero lo destacable respecto al tema tratado hoy, es que ya hay muchas voces serias en la red -youtubers tecnológicos reconocidos- que han dicho que este teléfono es sencillamente irreparable, para poder abrirlo debes destruir varias de sus piezas, no existen refacciones y difícilmente las habrá, y la reparación por citar un ejemplo de su pantalla si se llega a estrellar sería de alrededor de 8 mil pesos únicamente con la empresa, algo sencillamente escalofriante.

Recordemos que esta misma empresa acaba de perder una demanda por “ralentizar” de manera intencional sus teléfonos viejos para forzar al consumidor a comprar los nuevos modelos.

Con resina, tornillos especiales, ensamblaje malicioso, amenazas con la pérdida de la garantía todo “estaba en orden”, el problema se viene cuando se quiere volver ley la protección en contra de las reparaciones de electrodomésticos, electrónica, cómputo, teléfonos inteligentes y otros muchos bienes, argumentando que hacerlo violenta la propiedad intelectual de las marcas, sabemos que el derecho internacional garantiza la plusvalía de las empresas, pero también que todas las personas tenemos el derecho de hacer con nuestra propiedad lo que mejor nos parezca, y en México, China y muchos otros lugares existen personas muy ingeniosas, capaces de reparar todo hasta con un chicle. Veremos quién gana, van a volar tornillos.

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Imagine que viaja por carretera, de pronto nota que uno de los neumáticos se ha pinchado, se orilla y lo cambia tranquilamente, todos están felices, a los pocos metros un audio en el auto le indica que ha violado el contrato de reparación del vehículo, todo se bloquea y ahora deberá de esperar servicio de la empresa y pagar una multa, ¿ridículo? Pues pronto podría ser ley en muchos lugares y no con los autos sino con todo.

Hace algunas décadas era impensable que algún aparato electrónico se vendiera sin su manual de uso y reparación, en algunos países incluso, temas como la garantía y la calidad de los materiales estaban estipulados en su legislación, hoy, en cambio, en un mundo donde todo es desechable y todo viene con su obsolescencia programada, estamos paradójicamente en el umbral en donde nuevas leyes podrían proteger a las empresas en contra del “gravísimo delito” de intentar reparar lo que está roto.

Recuerdo en mis años mozos, cuando mi maestro de taller de electrónica en la secundaria “Melchor Ocampo” de Madero me explicó que algunas empresas “encapsulaban” sus circuitos electrónicos en resina oscura o creaban sus propios tipos de tornillos, para evitar que fueran clonados, “esos chinos son canijos” -nos decía con lenguaje florido no propio de este matutino y nos enseñaba mucho, mientras nos hacía también reír- grandes recuerdos.

Existe amigo lector, una línea delgada entre el derecho de autor, y el derecho a reparar lo que es suyo, aquello por lo que pagó puntualmente como intercambio comercial y no como arrendamiento. Aunque esto algunas grandes empresas no lo entienden, o sencillamente no lo quieren entender.

En internet, hace tiempo se hizo viral la historia de Kyle Schwarting, granjero de Nebraska, el cual compró a crédito por muchos miles de dólares un tractor de la marca del venado, que contaba con un software de control protegido por contraseña y al cual, un mal día, un animal le mordió un sensor cuyo costo era de alrededor de 2 dólares, el tractor dejó de funcionar, estaba bloqueado, al llamar a la empresa le dieron dos opciones, remolcarlo hasta un centro de reparación o solicitar una visita de un técnico hasta su granja, ambas le costaban decenas de miles de dólares, así que desesperado y sin más, aquel granjero se puso a investigar en internet cómo poder desbloquear el aparato que era su fuerza de trabajo y su medio de vida; lo logró, aquel agricultor se había convertido en hacker, su caso se hizo muy conocido pues comenzó a ayudar a personas en similares situaciones, pero ahora podría enfrentar problemas legales con la empresa por violar patentes, derechos de autor y propiedad intelectual.

Tenemos también el conocido caso de varias empresas tecnológicas que han comenzado a vender sus teléfonos inteligentes sin incluir auriculares ni cargador, pero peor aún, que desde hace varios años diseñan sus dispositivos de tal manera que no solo sean muy complicados de reparar, sino que incluso sean “irreparables” y no me refiero a la incapacidad técnica del reparador -que de eso los mexicanos nos pintamos solos- sino a que han sido ensamblados de tal forma que al abrirlos se rompen de manera forzosa.

Por citar un ejemplo, el más reciente modelo de teléfono de la compañía de la manzana tiene un valor que ronda los 31 mil pesos, hay quien puede, quiere y le gusta pagar estas cantidades por un teléfono que no supera en formato técnico que le ofrece un Xiaomi de alrededor de la mitad de precio, pero lo destacable respecto al tema tratado hoy, es que ya hay muchas voces serias en la red -youtubers tecnológicos reconocidos- que han dicho que este teléfono es sencillamente irreparable, para poder abrirlo debes destruir varias de sus piezas, no existen refacciones y difícilmente las habrá, y la reparación por citar un ejemplo de su pantalla si se llega a estrellar sería de alrededor de 8 mil pesos únicamente con la empresa, algo sencillamente escalofriante.

Recordemos que esta misma empresa acaba de perder una demanda por “ralentizar” de manera intencional sus teléfonos viejos para forzar al consumidor a comprar los nuevos modelos.

Con resina, tornillos especiales, ensamblaje malicioso, amenazas con la pérdida de la garantía todo “estaba en orden”, el problema se viene cuando se quiere volver ley la protección en contra de las reparaciones de electrodomésticos, electrónica, cómputo, teléfonos inteligentes y otros muchos bienes, argumentando que hacerlo violenta la propiedad intelectual de las marcas, sabemos que el derecho internacional garantiza la plusvalía de las empresas, pero también que todas las personas tenemos el derecho de hacer con nuestra propiedad lo que mejor nos parezca, y en México, China y muchos otros lugares existen personas muy ingeniosas, capaces de reparar todo hasta con un chicle. Veremos quién gana, van a volar tornillos.

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