/ miércoles 21 de agosto de 2019

Hoy que es mi cumpleaños

Hoy 21 de agosto cumplo un año más de vida (o un día menos, según se vea) y es extraño cumplir vida que es decir tiempo.

Siempre me ha parecido paradójico celebrar algo que te indica que tu estancia entre los humanos cada vez es más breve.

Andamos en sueños, en abstracciones y en caballos. Parménides nos los dijo en estas breves líneas: “Los caballos que me llevan cumplen, al hacerlo, toda la plenitud de mi deseo,/ pues no hay duda que son ellos, mis verdaderos guías, los que me condujeron por la famosísima ruta/ de la diosa, que encamina al hombre en posesión de las luces del saber a través de todas las ciudades./ Por esta ruta me veía llevado y, ciertamente, los caballos/ a cuyo impulso marchaba eran muy diestros,/ ya que tiraban del carro y permitían a la vez que jóvenes/ doncellas nos mostrasen el camino”.

Pero los caballos que me han llevado ¿dónde estarán abrevando ahora? Los canijos se me largan sin permiso. Aunque nunca he sabido de equino alguno pidiéndole venia a su dueño.

Es paradójico que el día en que más pienso en la muerte es el de mi cumpleaños. La muerte es una zona, un espacio donde la abstracción, la imaginación, la ficción y la realidad son los puntos cardinales que la sitúan y extravían. Localizable y oculta, la muerte es la verdad más humana que existe: todos vamos a morir. Ante esto, la muerte conserva su calidad de absoluto que, a diferencia de Dios -que requiere para su status de categórico la creencia en Él-, la muerte es verídica, ¿y cuándo lo es? Volviendo a Pessoa: “La muerte cesa si para nosotros cesa”.

Heráclito escribió que “muerte es todo lo que vemos, cuando estamos despiertos; mas lo que vemos estando dormidos, es sueño”. No voy a desplegar una pedante retahíla de reflexiones sobre lo que la literatura ha abundado al respecto. Pero sí he de anotar que cada vez duermo poco y me asaltan preocupaciones que antes no tenía.

Me siento renovado y limitado. Salgo a la calle y veo que hay desencanto. El país está, justito, en las palabras de nuestro himno: “Mexicanos al grito de guerra…” porque hay una guerra: la pérdida de ciertos valores, por no entender que el rojo de la sangre no es necesa-riamente de dolor sino de esperanza.

Y como yo ando, lo ven, a caballo, galopo por rutas que me dictan las emociones y la razón. Quienes me conocen saben que soy bastante sensible aunque mi rostro pueda indicar lo contrario.

Amo Tampico porque es la ciudad que llevo a cuestas por doquiera que vaya yo.

Ojalá Tampico se poblara de caballos que nos lleven hacia la plenitud de nuestros deseos…

Hoy 21 de agosto cumplo un año más de vida (o un día menos, según se vea) y es extraño cumplir vida que es decir tiempo.

Siempre me ha parecido paradójico celebrar algo que te indica que tu estancia entre los humanos cada vez es más breve.

Andamos en sueños, en abstracciones y en caballos. Parménides nos los dijo en estas breves líneas: “Los caballos que me llevan cumplen, al hacerlo, toda la plenitud de mi deseo,/ pues no hay duda que son ellos, mis verdaderos guías, los que me condujeron por la famosísima ruta/ de la diosa, que encamina al hombre en posesión de las luces del saber a través de todas las ciudades./ Por esta ruta me veía llevado y, ciertamente, los caballos/ a cuyo impulso marchaba eran muy diestros,/ ya que tiraban del carro y permitían a la vez que jóvenes/ doncellas nos mostrasen el camino”.

Pero los caballos que me han llevado ¿dónde estarán abrevando ahora? Los canijos se me largan sin permiso. Aunque nunca he sabido de equino alguno pidiéndole venia a su dueño.

Es paradójico que el día en que más pienso en la muerte es el de mi cumpleaños. La muerte es una zona, un espacio donde la abstracción, la imaginación, la ficción y la realidad son los puntos cardinales que la sitúan y extravían. Localizable y oculta, la muerte es la verdad más humana que existe: todos vamos a morir. Ante esto, la muerte conserva su calidad de absoluto que, a diferencia de Dios -que requiere para su status de categórico la creencia en Él-, la muerte es verídica, ¿y cuándo lo es? Volviendo a Pessoa: “La muerte cesa si para nosotros cesa”.

Heráclito escribió que “muerte es todo lo que vemos, cuando estamos despiertos; mas lo que vemos estando dormidos, es sueño”. No voy a desplegar una pedante retahíla de reflexiones sobre lo que la literatura ha abundado al respecto. Pero sí he de anotar que cada vez duermo poco y me asaltan preocupaciones que antes no tenía.

Me siento renovado y limitado. Salgo a la calle y veo que hay desencanto. El país está, justito, en las palabras de nuestro himno: “Mexicanos al grito de guerra…” porque hay una guerra: la pérdida de ciertos valores, por no entender que el rojo de la sangre no es necesa-riamente de dolor sino de esperanza.

Y como yo ando, lo ven, a caballo, galopo por rutas que me dictan las emociones y la razón. Quienes me conocen saben que soy bastante sensible aunque mi rostro pueda indicar lo contrario.

Amo Tampico porque es la ciudad que llevo a cuestas por doquiera que vaya yo.

Ojalá Tampico se poblara de caballos que nos lleven hacia la plenitud de nuestros deseos…

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