/ lunes 19 de agosto de 2019

Los jefes

Los jefes/México 2015, dirigida por Jesús Rodríguez (quien se firma solo como Chiva), basado en un guión de Babo, solista de Cartel de Santa, es una cinta non en el cine mexicano contemporáneo.

Con el lirismo digno de un documental, la cinta cuenta la historia del fresa Poncho, estudiante de la UDEM regia, quien se adentra con su camioneta Hummer en Santa Catarina, guiado por El Greñas, en busca de droga.

La Bomba/ Millonario es un vendedor al menudeo de droga. Desproporcionado en todos los aspectos: obeso, rapero hard y adicto contumaz, La Bomba será quien le surta yerba a Poncho.

El descenso de Poncho hacia el infierno no parecerá parábola sino hipérbole de la época. Conocerá el teje y maneje del narcomenudeo en los barrios del área metropolitana de Monterrey vía La Bomba y sus secuaces, hasta llegar a la sima neurálgica: El Perro/ Babo, jefe de La Bomba.

La línea argumental no daría más que para un videohome o película underground, pero existen buenos diálogos que ni mandados a hacer. La veracidad de los mismos está salpicada con brutal literalidad o caló que hace imposible no valorar el filme, pese a no contar con actores profesionales.

El rapero Millonario ejecuta su rol de La Bomba de manera entrañable, fidedigna que supondría uno de entrada que lleva años actuando. ¿Qué hay, entonces, en Los jefes que seduce y a la vez repele? Tal vez estamos ante una nueva manera de hacer cine en nuestro país: regionalizar su producción, abriendo el abanico de posibilidades de contar historias focalizadas y cuyas coordenadas “emocionales” subyazcan en lo que suceda allí mismo.

Pese a ser una ópera prima, plagada de errores de iluminación, reflejo del crew en la camioneta, grabación del sonido en estudio y malas actuaciones (por ejemplo: el papá de Poncho está infame), la película se sostiene por una extraña frescura y ejecución narrativa con sendas vueltas de tuerca (lo que le pasa a Poncho y al Greñas cuando decide La Bomba obtener el dinero que le debe al Perro o el sorpresivo segmento final). Es curioso que influencias evidentes como Quentin Tarantino (Perros de reserva) o el estilo gore de un Robert Rodríguez no tengan la preponderancia esperada.

La abundancia –obvia, ineludible– de rolas de Cartel de Santa inunda la totalidad del filme y es un agasajo indescriptible para los seguidores de esta banda de hip hop de la Sultana del Norte cuyos videos, en el portal de Youtube, frisan en los diez millones, mínimo, por cada uno.

Los Jefes presenta una radiografía de los narcomenudistas y sus relaciones corruptas con las esferas del poder policiaco y político. No hay concesiones más que las estéticas…

Los jefes/México 2015, dirigida por Jesús Rodríguez (quien se firma solo como Chiva), basado en un guión de Babo, solista de Cartel de Santa, es una cinta non en el cine mexicano contemporáneo.

Con el lirismo digno de un documental, la cinta cuenta la historia del fresa Poncho, estudiante de la UDEM regia, quien se adentra con su camioneta Hummer en Santa Catarina, guiado por El Greñas, en busca de droga.

La Bomba/ Millonario es un vendedor al menudeo de droga. Desproporcionado en todos los aspectos: obeso, rapero hard y adicto contumaz, La Bomba será quien le surta yerba a Poncho.

El descenso de Poncho hacia el infierno no parecerá parábola sino hipérbole de la época. Conocerá el teje y maneje del narcomenudeo en los barrios del área metropolitana de Monterrey vía La Bomba y sus secuaces, hasta llegar a la sima neurálgica: El Perro/ Babo, jefe de La Bomba.

La línea argumental no daría más que para un videohome o película underground, pero existen buenos diálogos que ni mandados a hacer. La veracidad de los mismos está salpicada con brutal literalidad o caló que hace imposible no valorar el filme, pese a no contar con actores profesionales.

El rapero Millonario ejecuta su rol de La Bomba de manera entrañable, fidedigna que supondría uno de entrada que lleva años actuando. ¿Qué hay, entonces, en Los jefes que seduce y a la vez repele? Tal vez estamos ante una nueva manera de hacer cine en nuestro país: regionalizar su producción, abriendo el abanico de posibilidades de contar historias focalizadas y cuyas coordenadas “emocionales” subyazcan en lo que suceda allí mismo.

Pese a ser una ópera prima, plagada de errores de iluminación, reflejo del crew en la camioneta, grabación del sonido en estudio y malas actuaciones (por ejemplo: el papá de Poncho está infame), la película se sostiene por una extraña frescura y ejecución narrativa con sendas vueltas de tuerca (lo que le pasa a Poncho y al Greñas cuando decide La Bomba obtener el dinero que le debe al Perro o el sorpresivo segmento final). Es curioso que influencias evidentes como Quentin Tarantino (Perros de reserva) o el estilo gore de un Robert Rodríguez no tengan la preponderancia esperada.

La abundancia –obvia, ineludible– de rolas de Cartel de Santa inunda la totalidad del filme y es un agasajo indescriptible para los seguidores de esta banda de hip hop de la Sultana del Norte cuyos videos, en el portal de Youtube, frisan en los diez millones, mínimo, por cada uno.

Los Jefes presenta una radiografía de los narcomenudistas y sus relaciones corruptas con las esferas del poder policiaco y político. No hay concesiones más que las estéticas…

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