/ miércoles 4 de diciembre de 2019

Carrera presidencial

El actual ocupante de la Casa Blanca ya anunció su voluntad de buscar la reelección. Y por el partido demócrata más de veinte figuras políticas suenan como contendientes para tratar de vencer a Trump.

Así está la democracia que se nos presenta, hecha en Estados Unidos (made in USA). Pero ¿qué tan importante es para México la lucha electoral que se lleva a cabo al norte del río Bravo en este instante? Cualquier movimiento económico y político que se suscite en territorio estadounidense interesa sobremanera al mundo y particularmente a nuestro país. Ni nuestra nación (ni nadie en el mundo), está a salvo y es inmune al voluntarismo intervencionista del gobierno de Washington, lo que significa, para nosotros, que no hay hechos aislados en la difícil vecindad y es inevitable que una sociedad influya sobre la otra.

El propósito de la política exterior mexicana debiera ser el evitar caer en las trampas y garlitos de carácter político y económico que se nos tienden, y hacerlo con base en la prudencia, la defensa del respeto mutuo y la no injerencia como motor de las relaciones internacionales. Recordemos, la gran potencia imperial que opera bajo el principio de la Doctrina Monroe (“América para los americanos”, incluida la idea de que “para los Estados Unidos no hay amigos, solo intereses”, una vez elevó en Irán a una casta que se encargó de extraer al máximo el petróleo fincado en su subsuelo, y el Imperio, en una de sus frecuentes contradicciones abandonó a los Pahlevi un día. La lista de “abandonados” incluye al Ayatola Jomeini, Saddam Hussein, Osama Bin Laden, el general Antonio Noriega de Panamá, Hosni Mubarak de Egipto, el coronel Gadafi, exhombre fuerte de Libia, y muchos más.

Me parece correcto que nuestro gobierno declare que en materia de seguridad con Estados Unidos “cooperación sí, intervención no”, teniendo el cuidado de aclarar que de ninguna manera se pondría en juego nuestra soberanía nacional.

El abandono del doble lenguaje en la relacion bilateral tiene como virtud que incita a la meditación, el análisis y la revisión de asuntos internos que, ahora, están influidos o determinados por el rejuego de la política electoral estadounidense.

Me parece correcto que nuestro gobierno declare que en materia de seguridad con Estados Unidos “cooperación si, intervención no”,

El actual ocupante de la Casa Blanca ya anunció su voluntad de buscar la reelección. Y por el partido demócrata más de veinte figuras políticas suenan como contendientes para tratar de vencer a Trump.

Así está la democracia que se nos presenta, hecha en Estados Unidos (made in USA). Pero ¿qué tan importante es para México la lucha electoral que se lleva a cabo al norte del río Bravo en este instante? Cualquier movimiento económico y político que se suscite en territorio estadounidense interesa sobremanera al mundo y particularmente a nuestro país. Ni nuestra nación (ni nadie en el mundo), está a salvo y es inmune al voluntarismo intervencionista del gobierno de Washington, lo que significa, para nosotros, que no hay hechos aislados en la difícil vecindad y es inevitable que una sociedad influya sobre la otra.

El propósito de la política exterior mexicana debiera ser el evitar caer en las trampas y garlitos de carácter político y económico que se nos tienden, y hacerlo con base en la prudencia, la defensa del respeto mutuo y la no injerencia como motor de las relaciones internacionales. Recordemos, la gran potencia imperial que opera bajo el principio de la Doctrina Monroe (“América para los americanos”, incluida la idea de que “para los Estados Unidos no hay amigos, solo intereses”, una vez elevó en Irán a una casta que se encargó de extraer al máximo el petróleo fincado en su subsuelo, y el Imperio, en una de sus frecuentes contradicciones abandonó a los Pahlevi un día. La lista de “abandonados” incluye al Ayatola Jomeini, Saddam Hussein, Osama Bin Laden, el general Antonio Noriega de Panamá, Hosni Mubarak de Egipto, el coronel Gadafi, exhombre fuerte de Libia, y muchos más.

Me parece correcto que nuestro gobierno declare que en materia de seguridad con Estados Unidos “cooperación sí, intervención no”, teniendo el cuidado de aclarar que de ninguna manera se pondría en juego nuestra soberanía nacional.

El abandono del doble lenguaje en la relacion bilateral tiene como virtud que incita a la meditación, el análisis y la revisión de asuntos internos que, ahora, están influidos o determinados por el rejuego de la política electoral estadounidense.

Me parece correcto que nuestro gobierno declare que en materia de seguridad con Estados Unidos “cooperación si, intervención no”,

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