/ martes 15 de mayo de 2018

Demagogia y el método

Donald Trump, actual inquilino de la Casa Blanca, y Joe McCarthy son los demagogos más exitosos que registra la historia de Estados Unidos.

Ambos utilizaron los prejuicios, emociones y miedos del publico como estrategia para ganar apoyo popular y conseguir poder político.

Acerca del multimillonario neoyorkino, Trump, quien llegó a la presidencia del vecino país gracias a su retórica tramposa, la desinformación y la propaganda política para inocular a la población con dosis masivas de odio y terror, hablaremos en otra ocasión.

Por hoy, me referiré, amable lector, a otro no menos temido exponente del denominado “American Power”, Joe McCarthy, personaje que en el amanecer de la década de los años cincuenta y con el escenario de la guerra fría entre Estados Unidos y la Unión Soviética, motivó que muchos estadounidenses temieran como a la peste la pretendida amenaza del comunismo.

Joseph R. McCarthy, electo al Senado por el estado de Wisconsin en 1946, fue un político que repentinamente logró volverse famoso a nivel nacional gracias a su cruzada en contra del comunismo, entre 1950 y 1954.

McCarthy alegaba que el Departamento de Estado había sido infiltrado por comunistas. Y no dudó en acusar a mucha gente en el gobierno de tener simpatías con el enemigo. Muchas personas inocentes fueron falsamente acusadas, y la mayoría perdieron no solo su buena reputación sino su modo de vida, también.

El miedo generalizado e irracional ante la “llegada” del comunismo, embuste que por momentos llegó a la histeria colectiva, hizo que las acusaciones de McCarthy parecieran creíbles. Este sujeto llegó a ser temido por senadores, gobernantes y medios de comunicación. Incluso el presidente Dwight Eisenhower no podía hallar una manera efectiva de neutralizar su activismo incansable y sus cada vez más estrambóticas y arriesgadas acusaciones.

Una vez establecido un clima de terror mucha gente tuvo miedo a expresar sus ideas, principalmente en lo referente a Mc- Carthy y sus políticas sobre Rusia y ataques a la libertad y derechos civiles. Fueron tiempos complicados en el vecino país del norte. Las cicatrices tardaron en sanar, pero queda el recuerdo en la mente colectiva.

Finalmente, McCarthy perdió su apoyo entre los senadores, y en 1954 lo condenaron por su manera de proceder “contraria a las tradiciones del Senado”. Pero el daño estaba hecho, y los nubarrones tardaron en disiparse.

Herbert Block, un “monero” del Washington Post, acuñó el término McCartismo, que ahora en ocasiones se utiliza como sinónimo de enlodar y difamar a personas o grupos diversos.

Donald Trump, actual inquilino de la Casa Blanca, y Joe McCarthy son los demagogos más exitosos que registra la historia de Estados Unidos.

Ambos utilizaron los prejuicios, emociones y miedos del publico como estrategia para ganar apoyo popular y conseguir poder político.

Acerca del multimillonario neoyorkino, Trump, quien llegó a la presidencia del vecino país gracias a su retórica tramposa, la desinformación y la propaganda política para inocular a la población con dosis masivas de odio y terror, hablaremos en otra ocasión.

Por hoy, me referiré, amable lector, a otro no menos temido exponente del denominado “American Power”, Joe McCarthy, personaje que en el amanecer de la década de los años cincuenta y con el escenario de la guerra fría entre Estados Unidos y la Unión Soviética, motivó que muchos estadounidenses temieran como a la peste la pretendida amenaza del comunismo.

Joseph R. McCarthy, electo al Senado por el estado de Wisconsin en 1946, fue un político que repentinamente logró volverse famoso a nivel nacional gracias a su cruzada en contra del comunismo, entre 1950 y 1954.

McCarthy alegaba que el Departamento de Estado había sido infiltrado por comunistas. Y no dudó en acusar a mucha gente en el gobierno de tener simpatías con el enemigo. Muchas personas inocentes fueron falsamente acusadas, y la mayoría perdieron no solo su buena reputación sino su modo de vida, también.

El miedo generalizado e irracional ante la “llegada” del comunismo, embuste que por momentos llegó a la histeria colectiva, hizo que las acusaciones de McCarthy parecieran creíbles. Este sujeto llegó a ser temido por senadores, gobernantes y medios de comunicación. Incluso el presidente Dwight Eisenhower no podía hallar una manera efectiva de neutralizar su activismo incansable y sus cada vez más estrambóticas y arriesgadas acusaciones.

Una vez establecido un clima de terror mucha gente tuvo miedo a expresar sus ideas, principalmente en lo referente a Mc- Carthy y sus políticas sobre Rusia y ataques a la libertad y derechos civiles. Fueron tiempos complicados en el vecino país del norte. Las cicatrices tardaron en sanar, pero queda el recuerdo en la mente colectiva.

Finalmente, McCarthy perdió su apoyo entre los senadores, y en 1954 lo condenaron por su manera de proceder “contraria a las tradiciones del Senado”. Pero el daño estaba hecho, y los nubarrones tardaron en disiparse.

Herbert Block, un “monero” del Washington Post, acuñó el término McCartismo, que ahora en ocasiones se utiliza como sinónimo de enlodar y difamar a personas o grupos diversos.

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