/ viernes 21 de junio de 2019

Mercancías de superservicio

Hoy vamos a identificar a los políticos como mercancías de supermercado en las aguas del TLCAN, ahora blanqueado a T-MEC por Donald Trump.

Por ley, los productos deben llevar escrito: “No consumir esta mercancía después de la fecha escrita en la etiqueta”. “Antes de ingerirlo lea bien las instrucciones”. “En caso de duda, consulte a su médico”. “Su consumo es nocivo para la salud”. “Fecha de caducidad reducida”.

Los políticos se prestan a ser tratados como producto de autoservicio en tiempo de elecciones, principalmente. En las campañas, la imagen predomina aún por encima de principios ideológicos. Y es fundamental averiguar la composición de las mercaderías de consumo ordinario. No hacerlo es un error. Esto tiene la intención de evitarle costosos errores y fraudes que dañan el bolsillo y la salud del público consumidor. El chiste es identificar qué se esconde en productos de imagen agradable y atrayente; pero que en realidad son indigestos y causan piedritas en el hígado.

He aquí el contenido en las etiquetas de algunos frutos políticos que contribuyen a aumentar el colesterol, la bilirrubina y el ácido úrico, además del azúcar, hoy en boga.

Enrique Peña Nieto: Rumba, 200%; “ligador”, 1000%; sensibilidad política 1.5%.

Felipe Calderón: Daños colaterales, 500%; consejeros políticos, 000%; futuro, ¿?

Carlos Salinas: Pasos de baile, 400%; fortuna, 1000%; alquimia y ciencias ocultas, 110%.

Vicente Fox: Cerebro, 2%; grosería, 900%; manos limpias, 000%.

Emilio Lozoya Austin: Nexos con Odebrecht, 2000%; compras y ventas, 10000%.

Donald Trump: Pelo, 100%; parecido a Elvis en Las Vegas, 1000%.

Tatiana Clouthier: Capacidad de trabajo, 100%; suerte 05%.

AMLO: viejón, 1000%; nacionalismo, 1000%; globalización 50%.

José Antonio Meade: Nostalgia, 6000%; conexiones, 2000%; conciencia social, 000%.

Marcelo Ebrard: Línea, 5000%; aguante político, 1000%; anteojos, 02%.

Diego Fernández de Cevallos: Escrúpulos, 0.001%; hígado, 400%; barba, 10000%.

NOTA DEL DÍA.- En nuestro país existen al menos dos visiones de lo que es un diplomático, por un lado, que se trata de hombres y mujeres que se mueven en un mundo de glamour, en elegantes y finos escenarios, que beben champagne, comen caviar y asisten a reuniones pomadosas; en términos generales, se percibe que la diplomacia la pasa excelente, en la chorcha internacional. Sin embargo, pocas veces se aprecia la relevancia de las políticas del Servicio Exterior Mexicano cuyos diferentes y muy importantes ángulos son a veces indetectables para el grueso de la población, incluso para los presidentes de la república. Esto lo digo porque la delegación mexicana que acompañó a Marcelo Ebrard, secretario de Relaciones Exteriores de México para discutir acerca de la aplicación de aranceles a productos nacionales, habría sido sometida por sus pares de Washington, DC a un trato irrespetuoso. Ebrard y colaboradores, se dice, tuvieron que entregar los teléfonos celulares y computadoras que contenían la información necesaria para argumentar sus propuestas. También se les mantuvo sin comer, excepto gaseosas y botanas que ellos mismos obtuvieron de las máquinas expendedoras situadas en la sede del encuentro. Después de doce horas finalmente les llevaron unos sándwiches. ¿Cuál es el objetivo de estas tácticas de serie de televisión policiaca? Cada quien puede sacar sus conclusiones. A mi manera de ver, esto es solo un picotazo del águila imperial cuando se está ya en el camino para las elecciones presidenciales en el vecino país. Por lo pronto, como dicen los pilotos, abróchense los cinturones y observemos las incidencias de este proceso electoral en el que México está involucrado , y esperemos a conocer los planes alternativos de nuestros gobernantes que nos deparen un seguro y feliz aterrizaje.

Hoy vamos a identificar a los políticos como mercancías de supermercado en las aguas del TLCAN, ahora blanqueado a T-MEC por Donald Trump.

Por ley, los productos deben llevar escrito: “No consumir esta mercancía después de la fecha escrita en la etiqueta”. “Antes de ingerirlo lea bien las instrucciones”. “En caso de duda, consulte a su médico”. “Su consumo es nocivo para la salud”. “Fecha de caducidad reducida”.

Los políticos se prestan a ser tratados como producto de autoservicio en tiempo de elecciones, principalmente. En las campañas, la imagen predomina aún por encima de principios ideológicos. Y es fundamental averiguar la composición de las mercaderías de consumo ordinario. No hacerlo es un error. Esto tiene la intención de evitarle costosos errores y fraudes que dañan el bolsillo y la salud del público consumidor. El chiste es identificar qué se esconde en productos de imagen agradable y atrayente; pero que en realidad son indigestos y causan piedritas en el hígado.

He aquí el contenido en las etiquetas de algunos frutos políticos que contribuyen a aumentar el colesterol, la bilirrubina y el ácido úrico, además del azúcar, hoy en boga.

Enrique Peña Nieto: Rumba, 200%; “ligador”, 1000%; sensibilidad política 1.5%.

Felipe Calderón: Daños colaterales, 500%; consejeros políticos, 000%; futuro, ¿?

Carlos Salinas: Pasos de baile, 400%; fortuna, 1000%; alquimia y ciencias ocultas, 110%.

Vicente Fox: Cerebro, 2%; grosería, 900%; manos limpias, 000%.

Emilio Lozoya Austin: Nexos con Odebrecht, 2000%; compras y ventas, 10000%.

Donald Trump: Pelo, 100%; parecido a Elvis en Las Vegas, 1000%.

Tatiana Clouthier: Capacidad de trabajo, 100%; suerte 05%.

AMLO: viejón, 1000%; nacionalismo, 1000%; globalización 50%.

José Antonio Meade: Nostalgia, 6000%; conexiones, 2000%; conciencia social, 000%.

Marcelo Ebrard: Línea, 5000%; aguante político, 1000%; anteojos, 02%.

Diego Fernández de Cevallos: Escrúpulos, 0.001%; hígado, 400%; barba, 10000%.

NOTA DEL DÍA.- En nuestro país existen al menos dos visiones de lo que es un diplomático, por un lado, que se trata de hombres y mujeres que se mueven en un mundo de glamour, en elegantes y finos escenarios, que beben champagne, comen caviar y asisten a reuniones pomadosas; en términos generales, se percibe que la diplomacia la pasa excelente, en la chorcha internacional. Sin embargo, pocas veces se aprecia la relevancia de las políticas del Servicio Exterior Mexicano cuyos diferentes y muy importantes ángulos son a veces indetectables para el grueso de la población, incluso para los presidentes de la república. Esto lo digo porque la delegación mexicana que acompañó a Marcelo Ebrard, secretario de Relaciones Exteriores de México para discutir acerca de la aplicación de aranceles a productos nacionales, habría sido sometida por sus pares de Washington, DC a un trato irrespetuoso. Ebrard y colaboradores, se dice, tuvieron que entregar los teléfonos celulares y computadoras que contenían la información necesaria para argumentar sus propuestas. También se les mantuvo sin comer, excepto gaseosas y botanas que ellos mismos obtuvieron de las máquinas expendedoras situadas en la sede del encuentro. Después de doce horas finalmente les llevaron unos sándwiches. ¿Cuál es el objetivo de estas tácticas de serie de televisión policiaca? Cada quien puede sacar sus conclusiones. A mi manera de ver, esto es solo un picotazo del águila imperial cuando se está ya en el camino para las elecciones presidenciales en el vecino país. Por lo pronto, como dicen los pilotos, abróchense los cinturones y observemos las incidencias de este proceso electoral en el que México está involucrado , y esperemos a conocer los planes alternativos de nuestros gobernantes que nos deparen un seguro y feliz aterrizaje.

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