/ martes 27 de agosto de 2019

Oportunismo ideológico contemporáneo


Jorge Luis Borges es considerado una rareza en el universo de la literatura del continente, un intelectual de derecha, “independiente, que no fingia”.

O sea, una persona genuina. A este personaje es al que AMLO recordó el 24 de agosto pasado en su cuenta de tuiter, a 120 años de su natalicio.

El que AMLO citara a Borges provocó un debate en las redes sociales, seguramente bajo el pretexto pueril de que el polígrafo argentino fue quien colgó el mote de “innombrable” al caudillo, Juan Domingo Perón, y de “incorregibles” a los peronistas.

Aunque Borges discrepaba en ideas respecto a los escritores de izquierda de Latinoamérica al reafirmar posiciones cada vez más antagónicas a esto, su ubicación partidista, como él señaló, no solo era “su concepto personal de Escepticismo Político, sino una respuesta silenciosa, posiblemente, al oportunismo ideológico contemporáneo”, que aún batalla por sus fueros.

Como “conservador” -así, con entrecomillado-, Borges se ganó un alud de interesados impugnadores políticos, cosa que lo condenó a vivir en un parcial ostracismo. Fue Julio Cortázar un literato que se consideraba comprometido y cara a cara con la realidad, quien ante la profusión de críticas a su compatriota aclaró que adentrarse en el juicio de Borges y tratar de definir su filiación política demandaba “normas borgianas”, es decir, “la mal alta inteligencia y el más implacable rigor”, “no basta ser vivo e inteligente -dijo el autor de Rayuela-, y haber leído muchísimo para que el resto sea cuestión de Baskerville y cuerpo ocho”.

Quizás una de las mejores respuestas de Borges a algunos escritores y lectores argentinos embargados en esta corriente que estiman “comprometida” y que consiste a “Grosso Modo” en ser “auténtico” y de paso acabar con los bizantinismos borgianos (utilizando la falacia de valerse de sus tristes aberraciones políticas o sociales para disminuir una obra que nada tiene que ver con ellas) es esta anécdota:

“Estoy afiliado -dijo Borges-, al partido conservador argentino. Es el partido del centro. Un partido, por ejemplo, considerado “fascista por los comunistas y comunista por los fascistas”. De modo que es casi una forma de Escepticismo Político.

"Todavía me acuerdo que fui a ver a Ardoy. Ardoy es el presidente del partido conservador. Le dije: Doctor Ardoy, me llamo fulano de tal, he venido a presentarme porque quiero afiliarme al partido. Entonces él, el jefe del partido, me miró con sincero asombro y me dijo –faltaba una semana para las elecciones-: ¿Usted viene a afiliarse?. Si no tenemos la menor probabilidad de ganar. Entonces a mí se me ocurrió una frase grandilocuente, le dije: A un caballero solo le interesan las causas perdidas. Entonces Ardoy me dijo: “Ah, entonces no dé un paso más, aquí está su casa”.


Jorge Luis Borges es considerado una rareza en el universo de la literatura del continente, un intelectual de derecha, “independiente, que no fingia”.

O sea, una persona genuina. A este personaje es al que AMLO recordó el 24 de agosto pasado en su cuenta de tuiter, a 120 años de su natalicio.

El que AMLO citara a Borges provocó un debate en las redes sociales, seguramente bajo el pretexto pueril de que el polígrafo argentino fue quien colgó el mote de “innombrable” al caudillo, Juan Domingo Perón, y de “incorregibles” a los peronistas.

Aunque Borges discrepaba en ideas respecto a los escritores de izquierda de Latinoamérica al reafirmar posiciones cada vez más antagónicas a esto, su ubicación partidista, como él señaló, no solo era “su concepto personal de Escepticismo Político, sino una respuesta silenciosa, posiblemente, al oportunismo ideológico contemporáneo”, que aún batalla por sus fueros.

Como “conservador” -así, con entrecomillado-, Borges se ganó un alud de interesados impugnadores políticos, cosa que lo condenó a vivir en un parcial ostracismo. Fue Julio Cortázar un literato que se consideraba comprometido y cara a cara con la realidad, quien ante la profusión de críticas a su compatriota aclaró que adentrarse en el juicio de Borges y tratar de definir su filiación política demandaba “normas borgianas”, es decir, “la mal alta inteligencia y el más implacable rigor”, “no basta ser vivo e inteligente -dijo el autor de Rayuela-, y haber leído muchísimo para que el resto sea cuestión de Baskerville y cuerpo ocho”.

Quizás una de las mejores respuestas de Borges a algunos escritores y lectores argentinos embargados en esta corriente que estiman “comprometida” y que consiste a “Grosso Modo” en ser “auténtico” y de paso acabar con los bizantinismos borgianos (utilizando la falacia de valerse de sus tristes aberraciones políticas o sociales para disminuir una obra que nada tiene que ver con ellas) es esta anécdota:

“Estoy afiliado -dijo Borges-, al partido conservador argentino. Es el partido del centro. Un partido, por ejemplo, considerado “fascista por los comunistas y comunista por los fascistas”. De modo que es casi una forma de Escepticismo Político.

"Todavía me acuerdo que fui a ver a Ardoy. Ardoy es el presidente del partido conservador. Le dije: Doctor Ardoy, me llamo fulano de tal, he venido a presentarme porque quiero afiliarme al partido. Entonces él, el jefe del partido, me miró con sincero asombro y me dijo –faltaba una semana para las elecciones-: ¿Usted viene a afiliarse?. Si no tenemos la menor probabilidad de ganar. Entonces a mí se me ocurrió una frase grandilocuente, le dije: A un caballero solo le interesan las causas perdidas. Entonces Ardoy me dijo: “Ah, entonces no dé un paso más, aquí está su casa”.

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